El mito y la cosmovisión Judeo-Cristiana

COMO HOY, TAMBIEN SE MANTIENEN VIVOS, Y SU IMPRONTA EN LA MENTE DEL HOMBRE

El mito y la Cosmovisión Judeo-Cristiana

COMO HOY, TAMBIEN SE MANTIENEN VIVOS, Y SU IMPRONTA EN LA MENTE DEL HOMBRE

1.- INTRODUCCION

En este trabajo, trataremos sobre el Mito y la cosmovisión Judeo-Cristina, y cómo hoy, de ellos, apreciamos su presencia en nuestra vida diaria, con su correspondiente impronta psicológica. Primeramente debemos definir Qué es Mito – y Rito, pues aquél no se puede entender sin éste – y la cosmovisión Judeo-Cristiana; la relación de las partes, para poder arribar – finalmente – a una conclusión. Asimismo, los autores que apoyaran el desarrollo, muy brevemente, serán: Mircea Eliade, Cardenal Secretario de Estado del Vaticano Tarciso Bertone, el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, el suscripto con un libro publicado y con un trabajo que está en editorial, y Alicia Schmoller.

2.- DEFINICIONES VARIAS

Hay muchísimos autores que escribieron sobre la temática en trato. Y en nuestro caso comenzaremos con las definiciones sobre mito y rito, y la cosmovisión Judeo-Cristina.

2.1. El mencionado Diccionario de la Lengua Española (1) define al mito como: “1 .Fábula, ficción alegórica, especialmente en materia religiosa. 2. Relato o noticia que desfigura lo que realmente es una cosa, y le da apariencia de ser más valiosa o atractiva. 3. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima”.

2.2. Mito y Rito: En la obra del suscripto “La Filosofía en Pantuflas” (2) – al abordar la temática que nos ocupa – podemos apreciar lo siguiente: “Debemos decir que los mitos son historias sagradas, verdaderas, porque siempre refieren a realidades que se convierten en modelo ejemplar de la actividad humana., y lo opuesto a él es la leyenda, siendo ésta una narración fantasiosa que puede o no ser tenida en cuenta. La función del mito, cuando se llevan a cabo, era expresar (y aún lo hacen hoy en algunas culturas, sobre todo de nuestra Argentina), las distintas creencias para salvaguardar los principios morales y religiosos, en los cuales se les garantizaba la eficacia mediante las ceremonias, proporcionándole al hombre algunas reglas básicas del diario vivir. Es decir que, ante tal o cual hecho, debían reproducir xx ritos y, con ellos, tenían “asegurado” un buen resultado. Por ejemplo, ante el caso de una enfermedad como una alta fiebre – que en aquellas épocas no se sabía que era tal – debían realizarse danzas, aspersiones con algunas infusiones al enfermo, habitación donde se encontrase, a los familiares, etc., y así éste se curaría. Y en caso de muerte la respuesta era “así lo habían dispuesto los dioses”. No había responsabilidad medicinal alguna”. En cuanto a la definición de mito, hacemos nuestra aquella que expresa Mircea Eliade: “El mito es una historia sagrada, relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos, narrando como gracias de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia – total o fragmentada, describiendo siempre la creación”. Asimismo, en su obra “Mito y Realidad” (3), el mencionado Mircea Eliade expresa: “En suma, los mitos describen las diversas, y a veces dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo sobrenatural) en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy día. Más aún: el hombre es lo que es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales. Cuando el misionero y etnólogo C. Strehlow preguntaba a los australianos por qué celebraban ciertas ceremonias, le respondían invariablemente: Porque los antepasados lo han escrito así”. Con relación a la definición de rito, el citado diccionario nos dice: “Del latín rictus. Costumbre o ceremonia. Conjunto de reglas establecidas para el culto o ceremonias religiosas” (4).

2.3. Cosmovisión Judeo-Cristiana: Nuevamente recurrimos al Diccionario de la Lengua Española para ver la definición de Cosmovisión: “Manera de ver e interpretar el mundo” (5) La presente cosmovisión se apoya en la “Revelación” de un Dios que por amor se da a conocer primeramente al pueblo de Israel. Y su “base-cimiento” es la Sagrada Escritura, o Biblia. Esta se divide en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. El segundo está marcado por el nacimiento de Jesús como el Mesías-Hijo de Dios prometido y anunciado por los profetas.

Esta concepción sobre la “manera de ver e interpretar el mundo”, produce un gran cambio cultural pues rompe con el presupuesto mítico del eterno retorno: Da comienzo a la “historia lineal”; hay un comienzo certero y que se revelará totalmente con la llegada del Mesías, el Hijo de Dios “al final de los tiempos” (la salida de la esclavitud de los egipcios y los anuncios que realizan los citados profetas Jeremías e Isaías; se puede constatar en el libro del Éxodo en la Biblia y los citados profetas). En la unidad 1, Revelación y Fe, el suscripto en «Para Crecer en la Fe, la Esperanza y la Caridad» (6) se puede apreciar: “1.1. Dios tiene un plan para el hombre. Para comenzar a entender, todo tiene un principio, un inicio, ya que, desde lo filosófico, no existe la casualidad sino la causalidad puesto que de la nada, nada viene. Dios nos tiene concebidos desde toda la eternidad. No somos un invento porque Él no sabía qué hacer o porque nos necesitaba. Nos creo por Amor. Y crear es el acto principal que distingue a Dios: Crear es «dar el ser», es hacer que algo o alguien exista desde la nada. Hacer algo de un principio existente es fabricar. Por ejemplo del árbol hacemos una mesa o una silla. No hacemos que exista la silla sino que a la madera existente le damos forma de silla, o mesa. Ahora bien… ¿Cuál es este plan de Dios para el hombre? Simple, pero complejo a la vez para nosotros: Que seamos felices, toda la eternidad. El tema es… cómo lograrlo. O cómo llegar a esta meta. 1.1.a. Dios que se revela El primer paso de Dios, el hecho y objeto, en este plan que tiene para el Hombre es Revelarse, es darse a conocer, lo hace por propia voluntad, por Amor; de diferentes maneras y a lo largo de la historia de la salvación, comenzando por la Creación, con Noe; el Hombre; La Promesa de la Tierra Prometida a Israel (Abraham); la entrega de la Ley (Moises), los Profetas y, finalmente en su Hijo Único Jesucristo, el Verbo Encarnado. Esta Revelación pone de manifiesto la bondad de Dios y su sabiduría. El documento Dei Verbun, del Concilio Vaticano II dice en el Nº 2: «Naturaleza y objeto de la revelación: Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación |p3 Preparación de la revelación evangélica».

Es muy importante tener en cuenta las traducciones, especialmente los que refieren a las Sagradas Escrituras. Por ello el CVII reemplaza el termino “secreto” que usaba el CVI por el de Sacramentum, o Misterio, desde lo Paulino, que se refleja en la Sagrada Escritura en Rm 16,25-27: “25 Os saluda Erasto, cuestor de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano. A Aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, 26 pero manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe, 27 a Dios, el único sabio, por Jesucristo, ¡a él la gloria por los siglos de los siglos! Amén”, y Ef 1,3-14. Para Pablo este misterio es Cristo, único principio de salvación para judíos y gentiles. Con este obrar Dios sale de su silencio y se dirige al Hombre como amigo, ya que su plan es “invitarlo a que se comunique con EL y a que participe de SU compañía”.

Así las cosas, la Revelación originada en el Amor, le deviene una obra de amor: Hacer participar al hombre de la Trinidad, sociedad por excelencia del Amor. Esta comunicación de Dios al hombre se da concretamente mediante 2 elementos: Encarnación y la historia, mediante hechos y palabras (la muerte y resurrección de Cristo que disipan la ambigüedad de las obras).

De lo expuesto vemos claramente que en la religión cristiana el hombre es un ser personal capas de obrar y decir, y no solo se trata de una mera idea, tal como lo plantean los gnosticos, ya que el contenido ES CRISTO MISMO quien nos revela quién es Dios; Cristo es el mediador elegido por Dios para darse a conocer. Es más que una simple transmisión de verdades determinadas. La revelación es una experiencia indirecta, vemos claramente que Dios le propone y permite al hombre llegar a un lugar que con su propia razón jamás lo lograría: A ESTAR CON EL INTIMAMENTE TODA LA ETERNIDAD; lo infinito se hace accesible abriéndose y manifestándose a nosotros. Cabe destacar que el CVI nos dice “… que mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de las cosas creadas; por las consecuencias o frutos inferir el origen, aunque hay otro conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas: el de la Revelación Divina”. Asimismo, podemos apreciar que hay una pedagogía divina: Dios prepara al hombre gradualmente para que pueda acoger la Revelación sobrenatural: 1Tim 6,16 “Dios que habita la luz inaccesible” quiere comunicar al hombre Ef 1,4-5 “por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad”, ya que este secreto de Dios que estaba guardado y callado desde hace siglos, ahora se manifiesta al hombre (1 Cor 2,9: “Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman.).

Por otra parte – y en el mismo sentido: Dios se da a conocer por amor, en el acontecimiento para la amistad entre los pueblos, realizado por el movimiento eclesial católico Comunión y Liberación, el mensaje central del Cardenal Secretario de Estado del Vaticano Tarcisio Bertone dice: “Amar significa querer conocer, y el deseo y la búsqueda del conocimiento constituyen un impulso interior del amor como tal. Bien mirado, por lo tanto, ello establece una relación insuprimible entre amor y verdad. El conocimiento presupone por su naturaleza una cierta conformación de sujeto y objeto: una intuición fundamental, ya condensada en el antiguo axioma “lo semejante conoce lo semejante”.

El evangelista San Juan lo recuerda implícitamente al escribir que “…cuando Dios se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo conoceremos tal cual es (1 Jn 3,1). (7)

3.- RELACION ENTRE LAS PARTES

¿Cómo articulamos todo esto, con lo enunciado en el título? ¿Cuál es el hilo conductor?

Sin duda alguna que para el creyente en la fe Judeo-Cristiana, no hay “partes” sino “un todo”. Y éste es real, no solo que el mencionado hecho – el Dios que se revela por amor – haya sucedido “… en aquél tiempo” (La alianza ente Yahaveh y Moisés en el monte Sinaí y la Encarnación del Mesías, el Hijos de Dios- Jesús haya nacido en Belén, también “en aquél tiempo”). Tal “realidad” – el ahora – el cristiano católico lo revive diariamente en el Sacrificio Eucarístico – la Santa Misa – cuando realiza el rito de la mencionada Eucaristía, con sus respectivas prescripciones para que haya “eficacia y Jesús se haga presente”. La repetición de los mismos gestos y palabras, en el mismo contexto ritual lo hacen posible. Desde hace 2100 años.

REFERENCIAS.

(1) Diccionario de la Lengua Española; Real Academia Española, 21 Edición, Madrid, 1992, p. 1382

(2) La Filosofía en Pantuflas, Lafon Fariña Marcos H., Dunken 2008; p. 24.

(3) Mito y Realidad, Mircea Eliade, Colección Labor, 1991, p. 7.

(4) Diccionario de la Lengua Española; Real Academia Española, 21 Edición, Madrid, 1992, p. 1800.

(5) Diccionario de la Lengua Española; Real Academia Española, 21 Edición, Madrid, 1992, p. 587.

(6) ) Lafon Fariña Marcos H., Para crecer en le FE. Esperanza y Caridad, en prensa.

 (7) Cardenal TarcisoBertone, (2009), L´OSSERVATORE ROMANO, 28 de Agosto, p. 4.

(Nota: Las letras mayúsculas me pertenecen y es con el fin de resaltar el contenido del texto)

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